24 abr 2011

A ver si me entero de qué va el mundo


Resulta que mi Estado paga más de 6.000 millones de euros al año a la Iglesia Católica, le permite decidir el 66% del calendario de días festivos, le cede las calles de mi ciudad y micrófonos desde los que decirme cómo debo vivir mi vida, y yo debo guardar repetuoso silencio porque es nuestra cultura, nuestras tradiciones y todo esto forma parte del contexto social en el que vivo ¿Me estoy equivocando? Que alguien me informe, porque lo he entendido así y me ha parecido preocupante. Debo haberlo malinterpretado, porque no veo a mucha gente con mi mismo punto de vista. Lo voy a decir claro: no tengo respeto a quien no lo tiene por mí.

El franquismo grabó a fuego la frase "el trabajo dignifica" y nos ha entrado muy bien en la cabeza. La palabra trabajador es casi un piropo, un reconocimiento, una medallita que uno puede llevar colgada. Basta ya. Que me miren con los malos ojos que me quieran mirar: el trabajo no dignifica una mierda. El trabajo es la esclavitud. Eres un trabajador, eres un pringao. El trabajo dignifica cuando trabajamos todos ¿es así? ¿trabajamos todos o trabajamos para unos pocos? Entonces no solo no dignifica sino que es un ejercicio humillante. Mi madre nunca llegará a entenderlo, pero lo creo firmemente: o los trabajadores fuerzan a trabajar a esos pocos o haré lo posible para no trabajar. A día de hoy, la única manera de no trabajar es hacer que otros trabajen por tí. Hacedme el favor y no me convirtáis es un capitalista hijo de puta. Que quede claro: no me gusta trabajar, no quiero trabajar, el trabajo no dignifica, y además me toca las pelotas la gente que finge lo contrario. Lo que sí dignifica es el estudio, porque el primero que se beneficia de él es uno mismo, cosa que podría ocurrir con el trabajo si las cosas fueran de otra manera.

Otra cosa que no llego a entender del todo es la privacidad económica. Llego al mundo, me dicen que lo que gana cada uno es secreto, tan secreto como el más secreto de tus secretos, y no puedo hacer otra cosa que preguntarme por qué. Otra frase grabada a fuego: "Lo que gana cada uno no se dice". Después de unos años te das cuenta por qué. Tiene doble intención. La primera es, evidentemente, seguir manteniendo en pie la frase "El trabajo dignifica". Lo que se les olvida decir es que el trabajo dignifica sólo si trabajamos todos. Si te enteraras al detalle de lo que cobra alguien a costa del trabajo de otros, sin pegar un palo al agua, empezarías a pensar que no eres un digno trabajador sino un peón del ajedrez. La segunda intención de este secretismo es vincular el esfuerzo a la recompensa de forma falseada. Más tiene el que más trabaja, y por tanto, el que más dinero tiene es el más digno. Solo busca lograr un peldaño social que no corresponde a un reducido grupo de personas. En España todos sabíamos lo que cobraba el vecino... hasta que el gobierno decidió hace unos lustros que para ETA eran datos muy jugosos. Supongo que cuando ETA no exista volveremos a tener esa transparencia ¿que no? Pues no. Seremos nosotros mismos quienes pidamos el secretismo. A la gente le da vergüenza cobrar 600 € porque así se lo han metido en la cabeza, y no se da cuenta de que el que cobra ese dinero es víctima de la violencia. Es como cuando las maltratadas se maquillaban los moratones porque tenían asumido que el problema eran ellas.

Esta verborrea que me he permitido el lujo de vomitar para todos ustedes es libre de ser copiada, incluso sin indicar quién es el autor.

1 comentario:

  1. A mí me dicen radical por decir lo mismo que tú en el tema de la Iglesia, no sé cuando cojones la gente se va a dar cuenta y les va a perder el respeto.

    Y las maltratadas siguen maquillándose los moratones, y en parte gracias a las enseñanzas que se transmiten desde las religiones, démosles las gracias una vez más por todo lo que aportan a esta sociedad.

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