30 abr 2011

Ramses Howard Jackson, vendedor de pañuelos en Plaza de Armas


http://youtu.be/HWFQ096Dv3U

Tiene la risa fácil de quien sabe de calamidades pero también de aprovechar los buenos momentos. En su casa de Camas, donde vive de «okupa», tiene un centenar de disfraces de todas las épocas que le han convertido en uno de los mejores clientes de Pichardo. El otro día estaba vestido de veneciano, el anterior de escocés, el 24 será Papá Noel y mañana... «es la sorpresa que cada día le dedico a Sevilla».

Ramses Howard Jackson es el hombre que desde hace ocho años dedica una sonrisa y un baile a los cientos de personas que a diario pasan por Plaza de Armas y que a cambio le dan unas monedas o, como Curro Romero, unos billetes. Con una agilidad envidiable para sortear coches en los segundos que tarda un semáforo en cambiar de color, tiene como norma el reírse de la vida y cuando las circunstancias se lo impiden canta, baila y se bebe unas cervezas.
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Indigente y atacado[/b]

Recuerda que entre los peores momentos que ha pasado en Sevilla está el día en el que, durmiendo en un coche en Plaza de Armas, le despertaron «unos marroquíes» que querían robarle y que terminaron hiriéndolo. Tras una larga carrera, terminó siendo auxiliado por la Policía. Por contra, asegura que «los jóvenes del botellón» jamás le han ocasionado problemas. Todo lo contrario.

Dice -mientras se toma un colacao y atiende a los numerosos niños que estos días recorren el sector- que si la «jornada laboral» se ha dado bien, cuando coge el autobús de regreso a su casa lleva en los bolsillos entre 30 y 40 euros, cantidad con la que afirma que tiene para vivir y para comprar nuevos disfraces.

Entre los que piensa adquirir en breve están el de chino, el de su tocayo el Egipcio y, por su puesto, el de rey Baltasar, tipo para el que sólo tendrá que comprar la ropa, porque el color de su piel es el mismo que el del mago más querido por los niños. Jackson, que es como le conocen, llegó de Liberia hace ocho años huyendo de una guerra que ya duraba casi dos décadas.

Aunque Cruz Roja el echó un cable, esa ayuda no le evitó que tuviera que atravesar Costa de Marfil o vivir muchos meses en Nigeria. Cuando por fin llegó a España con un visado y dispuesto a pedir un permiso de residencia, le mandaron a Melilla para repatriarlo a un país del que creían que venía. Al final pudo recalar de la mano de Sevilla Acoge en esta ciudad donde, como el mismo dice, empezó a buscarse la vida. Primero vivió, de alquiler en Pino Montano, desde donde pasó a la Macarena. Después se trasladó al Pumarejo de «okupa», y ahora se ha integrado de tal forma en esta ciudad que el año pasado fue de «romero» al Rocío y cuando pasó Pentecostés sintió tanta desazón que se ha prometido volver el año que viene.

A pesar de su carácter amable, la vida de Jackson no es fácil. Aunque el no llegó en patera, entiende a todos los que cada día intentan arribar a las costas españolas arriesgando lo único que tienen: la vida. Para él, que lo mismo le gusta la Feria que ver desde su semáforo cómo discurre la Semana Santa «con sus pasos, sus nazarenos y tanta gente», su próximo reto es lograr traerse a Sevilla a Hylary, uno de sus cinco hermanos. A Patricia, su hermana más pequeña, casi no la conoce. Cuando hace unas semanas recibió unas fotos de ella, no sabía quien era, «porque cuando me vine era una niña, y ya se ha hecho una mujer».

Precisamente el no ver a su familia es de las cosas que Jackson peor lleva. Comenta, con un deje de tristeza, que ya hace 13 años que no convive con ellos, pero su alegría de vivir le impide que esa morriña le dure mucho. Pronto recuerda a sus incontables amigos con los que celebrará la próxima Nochebuena que tiene el propósito de que sea larga. No en vano, el día 25 descansará, pero antes habrá contribuido a dibujar una sonrisa en las caras de todos con los que se crucen con él. Ya tiene preparados doscientos «sacaluengas» y varios kilos de caramelos para ir llenando su canasto y repartirlos entre los conductores. Así se sentirá durante unas horas como el rey Baltasar, personaje en el que, está claro, le gustaría convertirse. Al rey mago le pide un contrato de trabajo fijo «y una chica sevillana para que sea mi pareja».

Texto: ABC de Sevilla, 2005.

2 comentarios:

  1. qué grande este tio. no sabía que llevaba tantísimos años aqui... y qué bueno que hace el camino del Rocío xDDD
    me emociona ver que hay gente tan alegre y con tanta energía y alegría de vivir :)

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